
¿Alguna vez has pensado en abandonar después de quedarte tan cerca de aprobar? ¿Te has sentido abrumado por la presión de lo que los demás esperan de ti? ¿Has dudado si realmente las oposiciones son para ti?
La historia de Ainoa es de esas que te remueven por dentro, que te hacen replantear qué significa realmente perseverar en una oposición.
Hoy quiero compartir contigo un testimonio que nos ha emocionado profundamente en Formación Ninja. Es la historia de una opositora que se quedó a una pregunta de aprobar en cinco ocasiones diferentes, que lloró en el coche después de exámenes, que estuvo a punto de tirar la toalla, pero que finalmente consiguió su plaza de Auxiliar Administrativo del Estado.
Esta no es una historia de éxito fácil. Es una historia real, con bajones, con errores estratégicos, con momentos de bloqueo, con pérdidas personales difíciles. Pero también es una historia de aprendizaje constante, de resiliencia y de cómo pequeños cambios pueden marcar la diferencia.
De "esto no es para mí" a funcionaria de carrera

Ainoa nunca se había planteado opositar. Jamás.
Aunque su madre era funcionaria desde 1986, ella trabajaba en el sector privado, en lo suyo: imagen y fotografía. Estaba cómoda, tenía contrato indefinido, y las oposiciones simplemente no le llamaban la atención.
En 2019, cuando salió una convocatoria de Auxiliares de la Comunidad de Madrid con bastantes plazas, su madre insistió: "Échala, échala". Ainoa, harta de la insistencia, le dijo: "Mira, yo relleno la solicitud. Si quieres, tú la echas".
Y su padre la echó.
Ainoa no quería saber nada. Absolutamente nada.
Pero llegó 2020, la pandemia cambió muchas cosas, y en 2021 algo hizo clic.
Decidió darle una oportunidad a esto de las oposiciones, un mundo que hasta entonces le resultaba completamente ajeno, pero que acabaría transformando su forma de ver el trabajo y el esfuerzo.
El primer contacto con el temario: "¿Qué es esto?"
En junio de 2021, Ainoa compró los temarios de Auxiliar Administrativo del Estado. Varios tomos de cientos de páginas.
Pleno verano. Trabajando 25 horas semanales por las mañanas y también por las tardes en otra empresa. Entre semana no tenía tiempo. Solo podía estudiar los fines de semana.
Abrió el primer tema: Constitución Española. Y pronto descubriría que el estudio de leyes, conceptos administrativos y materias como ofimática formaban parte esencial de su preparación como futura Auxiliar Administrativa.
Leyó el primer párrafo y llamó a su madre: "Mamá, ¿qué es esto? Para mí era chino total, total".
Su madre, intentando que no escapase, le dijo: "Venga, no te preocupes, que ya verás como no es tan complicado. Vente a casa y lo vemos juntas".
Y así fue. Ainoa iba a casa de su madre, leía el temario, y su madre le explicaba procedimiento administrativo con ejemplos de su trabajo diario. Le ayudaba a entender en lugar de solo memorizar.
Porque Ainoa es de ciencias. "A mí lo de ponerme a memorizar sin más... no vale".
Primera convocatoria: febrero 2022 en IFEMA (y quedarse a UNA pregunta)
El examen fue en febrero de 2022, en plena época COVID, con todos los coletazos que todavía quedaban.
Y fue en IFEMA.
Para quien no lo sepa, IFEMA es un pabellón enorme de ferias y eventos. Nada que ver con un aula universitaria. Ainoa describe la sensación: "Era como entrar en un lugar y decir... jamás he estado en una situación así parecida".
Miles de personas juntas. Filas interminables de sillas. Un ambiente que impone.
Y era su primera oposición. Su primer contacto con todo esto.
Había hecho algún examen de prueba en casa y algunos los aprobaba, pero no todos. Le preocupaba especialmente el tiempo: en la Comunidad de Madrid es un minuto por pregunta, pero en el Estado son 40 segundos por pregunta.
Su objetivo ese día fue simplísimo: terminarlo.
Solo eso. Terminar el examen.
Lo terminó, pero dejó muchas en blanco. Solo le dio tiempo a una vuelta al examen. Estrategia prácticamente inexistente.
Cuando salió la plantilla y se lo corrigió en casa, descubrió algo que le dio mucha rabia:
Se había quedado a una pregunta de pasar el corte.
Una. Pregunta.
Informática la tenía perfecta. Pero en la primera parte, al haber dejado tantas en blanco, le faltó una pregunta.
Y lo curioso es que iba sin presión. Llevaba menos de un año estudiando, era su primera vez. Pensaba: "Si es que he estudiado muy poco, no lo voy a sacar".
Pero casi lo saca.
Comunidad de Madrid: mecanografía, caos y otra vez cerca
En septiembre de 2022 llegó el examen de la Comunidad de Madrid. Era la convocatoria del 2019 que había ampliado plazas en 2021. La gente llevaba años esperando.
Era la última convocatoria que incluía mecanografía y Word, no solo tipo test.
Ainoa aprobó el primer examen teórico. Sin problema.
Pero luego tocaba esperar a la segunda parte. Y esa segunda parte no llegó hasta el verano de 2023. Casi un año después.
Este es uno de esos plazos eternos que solo quien oposita a convocatorias autonómicas o locales puede entender. Meses y meses de incertidumbre sin saber si seguir estudiando, si esperar, si tirar para otro lado.
Cuando finalmente llegó el día del examen práctico, Ainoa se enfrentó a la prueba de mecanografía.
Y aquí viene una de las partes más reveladoras de su historia.
La prueba de mecanografía: ruido, calor y pánico
El examen fue en Canto Blanco. Hacía un calor terrible. Abrieron las ventanas.
Y había un campo de tiro cerca. Se escuchaban los disparos.
Ainoa describe la situación: "Mucho ruido, muchísimo. Y además un papel encima del teclado de 'no tocar'. Si tocabas ese papel, te ibas. Tal cual".
Todos los alumnos sentados uno al lado del otro, sin apenas separación. La de al lado aporreaba el teclado.
Un texto de cinco hojas por los dos lados. Diez minutos para escribir todo lo que pudieras.
En algunas clases no dejaban separar las hojas del examen (iban grapadas lateralmente), tenías que ir dándoles la vuelta incómodamente. En otras sí. Condiciones diferentes según el aula.
Ainoa había practicado en casa perfectamente. Llegaba a las pulsaciones requeridas sin problema.
Pero estaba en grupos de Telegram (los malditos grupos de Telegram, como ella misma dice). Y ahí la gente comentaba cosas que pueden pasar: "Darle al Bloq Mayúsculas sin darte cuenta".
Y le pasó.
En mitad del examen, llevaba párrafo y medio, se dio cuenta: todo estaba en mayúsculas.
Entró en pánico total.
En los grupos habían dicho que a veces deshabilitaban la opción de cambiar a minúsculas. Vio que no estaba deshabilitado, así que señaló todo y lo cambió. Pero al volver al examen, con cinco hojas por delante, el texto repitiéndose para complicarlo más...
Se volvió loca.
Salió del examen sabiendo que no había pasado.
La parte de Word la tenía perfecta. Pero la mecanografía la había dejado fuera. Aquella experiencia le sirvió para comprender la importancia de practicar con tiempo y aplicar técnicas de estudio adaptadas a cada tipo de prueba.
Justo al contrario que en el Estado: allí falló lo teórico y pasó lo práctico. Aquí falló lo práctico.
Interinidad: trabajando de lo que quieres pero sin la plaza fija
En octubre de 2022, mientras esperaba resultados y seguía opositando, Ainoa recibió una llamada.
La Comunidad de Madrid la llamaba para trabajar como interina de Auxiliar Administrativo.
¿Cómo llegó ahí? Porque las bolsas institucionales (las que salen de exámenes) estaban agotadas, hicieron bolsas departamentales donde se presentan méritos (cursos, experiencia, exámenes aprobados).
Ainoa tenía muchos cursos pero cero experiencia. Quedó la 2.000 y pico en la bolsa.
Pero como las bolsas estaban agotadas, pilló el momento perfecto y la llamaron.
Estuvo trabajando como interina. Luego se presentó a la bolsa de Administrativos (grupo superior), quedó mucho mejor (la 100 y pico), y cuando terminó su programa, cesó voluntariamente de Auxiliar para que la llamasen de Administrativo. En estos procesos, los méritos de auxiliar administrativo —como cursos o exámenes aprobados— pueden marcar la diferencia entre quedarse fuera o acceder a una bolsa de trabajo.
Se arriesgó. Estuvo un mes sin trabajar. Pero la llamaron.
Y aquí viene algo fundamental que Ainoa comparte:
Estar trabajando de interina le sirvió para reafirmar que eso era lo que quería. Además, pudo comprobar de primera mano cuánto cobra un administrativo dentro de la administración pública y valorar aún más la estabilidad del puesto.
Porque al principio no lo tenía claro. Nunca se lo había planteado. Pero al entrar, al tocar el trabajo, al ver el día a día, se dio cuenta: "Se me da bien. Me gusta. Me siento cómoda".
No todas las oposiciones te permiten esto. En muchas no puedes tocar el trabajo hasta que no tienes la plaza fija. Pero en auxiliares administrativos, la interinidad te da esa oportunidad.
Y también le sirvió para otra cosa: darse cuenta de cuánta competencia había.
Cuando entró pensaba que todo el mundo era fijo. Pero cuando empezó a enterarse de la cantidad de interinos que había, pensó: "Es que todo esto es competición. Van a lo mismo que yo".
Eso la motivó aún más.
2024: el caos total (cinco exámenes en un mes)
Llegamos a 2024. Y aquí la historia se vuelve absolutamente intensa.
Ainoa se apuntó a cinco convocatorias que se le juntaron todas:
Ayuntamiento de Rivas (donde vive)
Estado (Auxiliar Administrativo)
Comunidad de Madrid (convocatoria ordinaria)
Comunidad de Madrid (estabilización)
Seguridad Social (después de 30 años sin salir)
Y lo mejor (o peor): tres de esos exámenes cayeron en un solo mes.
En septiembre, la Comunidad de Madrid anunció que el examen sería en un mes (octubre). Luego dijeron que sería en noviembre.
Ainoa ya sabía que Seguridad Social era el 30 de noviembre y que el Estado era el 14 de diciembre.
Y le metieron la Comunidad de Madrid el 23 de noviembre.
Se había cogido vacaciones del 13 de noviembre al 14 de diciembre. Un mes entero. Todas sus vacaciones del año.
Y le pusieron su examen favorito (Comunidad de Madrid, el que más quería) justo al principio, cuando menos preparada estaba.
Comunidad de Madrid (23 noviembre): cuatro semanas de preparación
Cuando anunciaron el examen con un mes de antelación, Ainoa se puso a hacer test como loca.
Estudiar en cuatro semanas no daba mucho margen. Tenía los otros exámenes encima. Así que se centró en:
Psicotécnicos (se le dan muy bien, tenía medio examen asegurado)
Leyes más importantes específicas de la Comunidad
Test, test y más test
Fue al examen. Salió llorando (casi).
Porque informática era la primera vez que era tipo test en la Comunidad. Y pensó: "Esto está tirado. Todo el mundo ha respondido bien esto. No sé dónde van a poner el corte".
Pero en la primera parte no le dio tiempo a terminarlo.
Otra vez.
Después de cuatro o cinco exámenes fallando en gestión del tiempo, volvió a pasar.
Los psicotécnicos le parecieron una fumada total.
Cuando salieron las notas: se había quedado a una pregunta. Otra vez.
El corte bajó, pero no lo suficiente.
Seguridad Social (30 noviembre): una semana después
A la semana siguiente (o dos semanas, no recuerda exactamente), le tocaba Seguridad Social.
Seguridad Social había estado 30 años sin salir. Salió a mitad de año y luego otra vez el 31 de diciembre de 2024. Una situación curiosísima.
El problema: mucha parte específica. Y Ainoa no había tenido tiempo para prepararla bien.
La parte general la tuvo muy bien. Pero la específica no.
Con la parte general no llegaba al cinco. Imposible.
Ahí le vino el bajón total.
"Es que no lo estoy consiguiendo".
Le quedaban 15 días para el Estado.
Las dos semanas antes del Estado: autoimposición de presión
Ainoa reconoce algo brutal en la entrevista:
"Yo me autoimponía mucha presión. Además era agobio y bloqueo. Lo que yo creía que la gente esperaba de mí".
Ya no era como ese primer examen al que fue sin presión. Ahora era: "Voy a otra convocatoria, voy a otra convocatoria... ¿Cómo le cuento ahora a la gente que estoy yendo a una y otra?".
Esa mochila que nos ponemos. Ese peso de las expectativas de los demás.
Llegó a tener una conversación con su madre donde explotó y le dijo: "Es que os estoy fallando".
Y su madre le respondió: "¿Pero tú qué dices? ¿Cómo que nos estás fallando? Si lo sacas, lo sacas. Si no lo sacas, no lo sacas. Y si quieres trabajar de otra cosa, pues trabajas de otra cosa".
Ainoa ya estaba viendo que le gustaba el trabajo. Entonces era: "Ya lo quiero. Tengo que sacarlo".
Esas dos semanas, ¿qué hizo?
La primera semana: repasó un poco y mucho test.
La segunda semana: simulacros a tope.
Y aquí viene un cambio clave.
Los cambios que marcaron la diferencia
Ainoa hizo varias cosas diferentes en ese último examen del Estado:
1. Reservó exámenes oficiales para la última semana
Durante todo su estudio no hizo ningún examen oficial. Los guardó específicamente para la última semana.
Mínimo un simulacro al día durante esa semana.
Simulacros en condiciones: sola, en su habitación, con tiempo controlado, que nadie la molestase.
2. Visitó la facultad antes del examen
Esto es algo que siempre recomendamos en Formación Ninja y que Ainoa nunca había hecho antes.
Fue el día anterior (o dos días antes) a la facultad donde sería el examen.
Aparcó. Entró. Habló con las personas que estaban allí. Les preguntó dónde estaba el aula.
Las personas fueron supersimpáticas. Le dijeron: "Tienes baños arriba. Pero si hay mucha gente, tienes aquí abajo también". Los truquillos.
Le indicaron: "El día del examen creo que os hacen entrar por esta puerta". Salió por ahí, vio el camino.
No subió al aula (había clases), pero panorama ya conocido.
Esto es fundamental. Reduce muchísimo el estrés del día del examen.
3. Fue en coche conduciendo ella (pero acompañada)
Ainoa siempre iba en coche a los exámenes. Conducir la relaja.
Pero siempre iba acompañada, por si pasaba cualquier cosa (pinchazo de rueda, atasco brutal, lo que sea).
Llegó con mucho tiempo de antelación y se quedó esperando en el coche.
No quiso estar con todo el mundo, con la gente repasando, con los nervios colectivos.
Media hora antes o 20 minutos antes: salió del coche, buscó su nombre en las listas y entró.
4. Estrategia de examen: francotiradora
En el examen del Estado pasó algo curioso.
Los sentaron sin hueco entre uno y otro. Sin espacio en blanco. Seguidos.
Ainoa se puso muy nerviosa porque nunca le había pasado. Después de tantas convocatorias, otra cosa nueva.
Tenía a alguien pegado. Se sentía invadida en su espacio vital.
Luego separaron a una persona y ya solo tenía a uno al lado. Se dijo: "Bueno, céntrate, olvídate de todo".
Hizo el examen.
Y le sobró media hora.
¿Cómo?
Si llevaba cuatro o cinco exámenes en los que le faltaba tiempo... ¿Cómo de repente le sobra media hora?
Ainoa cree que fue por los test constantes y por haber practicado tanto.
Pero le sobró tiempo y lo usó bien: repasó TODO el examen.
Y menos mal.
Porque en medio del examen, con su memoria visual, pensó en la última pregunta (de informática): "Creo que no he puesto la que era".
La revisó. Efectivamente no había puesto la correcta.
La cambió. Estaba superconvencida.
(Normalmente decimos que no hay que cambiar respuestas, pero este caso es diferente: no era duda, era certeza de error).
5. No respondió todo: fue francotiradora
Ainoa dejó muchas en blanco.
Fue a lo que tenía seguro. No arriesgó mucho.
Esto lo había probado previamente en simulacros.
Su estrategia: "Voy a contestar lo que me sé. Si llego a una puntuación que creo que puede valerme, lo dejo".
Reconoce que le costó contenerse. Cuesta más dejar preguntas en blanco que contestarlas todas.
Pero funcionó.
Tuvo tres mal en la primera parte y cuatro o cinco en la segunda (o al revés, no recuerda exactamente).
Pocas fallos.
El momento de la corrección: "Yo creo que sí"
Cuando salió del examen, salió supertranquila.
Informática le había parecido muy bien. Y como el corte de las últimas convocatorias estaba en informática, pensó: "Yo creo que sí. Adelante".
Hablando con una chica que coincidía en varios exámenes (por apellidos caían en la misma clase), la chica decía: "Jo, es que informática tal...". Y Ainoa pensó: "Ay, no voy a decir que a mí me ha parecido fácil. Me callo".
Luego leía los grupos y todo el mundo: "Es que informática, jo..."
Hasta que salió la plantilla oficial, no se lo corregió con nada.
Ni con plantillas no oficiales, ni con cosas que iban saliendo. Nada.
Metió el examen en un armario.
En serio.
Cuando salieron las plantillas definitivas, subió a su habitación sola. Le dijo a su chico: "Voy a corregirme el examen. Déjame tranquila una hora por lo que pueda pasar".
Bajó llorando.
"Yo creo que sí. Estoy. Yo creo que sí".
El aterrizaje en Formación Ninja
En medio de toda esta historia, Ainoa conoció Formación Ninja.
Fue en 2024, cuando se apuntó al Ayuntamiento de Rivas. Estaba investigando sobre oposiciones de ayuntamientos y le salió un vídeo de David sobre cómo recordar la Ley de Igualdad.
Coincidió que hizo un examen (creo que de estabilización) justo después de ver ese vídeo.
Le cayó la pregunta sobre la Ley de Igualdad.
Se acordó del vídeo.
La acertó.
Y pensó: "Hostia, es que yo tengo mucha memoria visual. Esta manera igual sí que me está sirviendo".
Investigó más sobre Formación Ninja. Vio un directo sobre convocatorias de ayuntamientos.
Y se apuntó.
Los primeros días: "¿Qué he hecho?"
Ainoa reconoce que al principio estaba desubicada.
"¿Qué hostia he hecho? ¿Dónde estoy? ¿Qué me están diciendo esta gente? ¿Qué es esto?"
Entró con el Plan Élite, que incluía tutorías con Marfil.
Y poco a poco fue entendiendo el método.
Algunas técnicas de estudio le parecían una locura. Lo son, reconoce.
Pero les dio una oportunidad.
Lo que aprendió en Ninja
No aplicó todas las técnicas. Y eso es perfecto.
Aplicó lo que le funcionaba: memoria visual, poner imágenes, ese tipo de cosas.
Pero había mucha parte del temario que ya tenía muy trallada. Eso no lo tocó. Siguió repasando, siguiendo haciendo test, pero no le dio más vueltas.
Las técnicas de estudio le sirvieron para lo que no se sabía. Para reforzar ahí.
También dio el salto a digital. Se compró una tablet Samsung con lápiz (no iPad, pero le valía).
Se pasó los manuales de Ninja a digital. Las leyes, algunas las dejó en papel.
Le costó un pelín adaptarse al principio. Pero cuando vio que podía subrayar, luego quitarlo, cambiar colores...
"Es la hostia".
Lo que más le ayudó Ninja fue: organizarse mejor.
Porque antes iba a lo loco. Cuando tenía poco tiempo, aprovechaba mejor ese poco tiempo. Pero cuando tuvo más tiempo (al dejar trabajos), lo desaprovechaba.
"Ahora que tengo más tiempo no lo estoy aprovechando tanto como cuando no tenía".
Y con cinco convocatorias encima, tuvo que hacer algo. Tuvo que planificarse.
La carta a su yo aprobado
En diciembre de 2024, Formación Ninja organizó un evento para alumnos.
Celebrábamos los 5 años de Ninja. Queríamos acercarnos a los alumnos, hacer algo especial.
Y se nos ocurrió una dinámica: escribir cartas a vuestro yo aprobado.
La idea era: escribes tu carta, Ninja se las queda cerradas, y para abrirla tienes que venir cuando apruebes.
Ainoa fue la primera persona en volver a abrir su carta.
El evento fue el 21 de diciembre. Ella había hecho el examen del Estado el 14 de diciembre.
De hecho, cuando se apuntó al evento, dudó. Pensó: "Como se me haya dado fatal, ir ahí al evento a celebrar... ¿a celebrar el qué?"
Pero vino.
Y escribió su carta.
Cuando le pregunto qué pensó al escribirla, Ainoa se emociona:
"Pensé en todo lo que había pasado estos últimos cuatro o cinco años. Además, 2024 en lo personal fue duro. Pérdidas. Y entonces pues lo que había dejado de hacer por la oposición también. Lo que hay que sacrificar".
La carta dice:
"Parecía que no iba a llegar nunca, pero ya eres funcionaria de carrera.
Todo el esfuerzo, las veces que has dicho que no a planes, las no-vacaciones para estudiar... hoy todo cobra sentido.
Hay personas que ya no están, pero que bailan y celebran este aprobado contigo porque te apoyaron en el proceso.
Y recuerda lo que siempre te dijeron: Tú vales mucho, nena.
Disfruta de lo conseguido y disfruta de todos esos momentos que no pudiste mientras opositabas.
Sé feliz y vive tu nueva vida.
Tupe".
Tupe era la frase que le decía su abuelo.
Su abuelo falleció el 27 de diciembre.
Cuando escribió la carta, él todavía estaba. Estaba malito, con ingresos, pero estaba.
Y Ainoa llegó a decirle que había aprobado.
Porque las notas salieron rápido.
Se lo dijo.
En agosto había fallecido su abuela. Ella no llegó a saberlo.
Pero él sí.
Lecciones de esta historia
La historia de Ainoa nos deja aprendizajes brutales:
1. Presentarse sin presión funciona
Su primer examen, al que fue sin presión porque llevaba menos de un año estudiando, fue donde estuvo más cerca.
Se quedó a una pregunta.
Recomendamos siempre: preséntate aunque lleves poco tiempo. Te da experiencia. Y vas sin la presión del 90% de gente que te rodea.
2. La gestión del tiempo en examen se entrena
Ainoa falló en gestión del tiempo en cuatro o cinco exámenes.
Hasta que en el último, con simulacros diarios la última semana, le sobró media hora.
La gestión del tiempo no sale sola. Se entrena.
3. Conocer el lugar del examen reduce estrés
Ir el día antes (o dos días antes) a la facultad o al lugar del examen marca la diferencia.
Hablar con la gente que está ahí. Que te indiquen. Ver el camino. Aparcar.
Reduce muchísimo el estrés del día.
4. La presión de los demás pesa (y hay que gestionarla)
Ainoa reconoce: "Yo me autoimponía mucha presión. Era agobio y bloqueo. Lo que yo creía que la gente esperaba de mí".
Esa conversación con su madre fue clave: "No nos estás fallando. Si lo sacas, lo sacas. Si no, no".
Hay gente que lleva sus procesos en silencio precisamente por esto.
5. No todas las técnicas funcionan para todos
Ainoa no aplicó todas las técnicas de Ninja. Y está perfecto.
Aplicó lo que le funcionaba. Lo que ya tenía trallado, lo dejó.
Las técnicas sirven para reforzar lo que no sabes. No para cambiar todo.
6. La interinidad te ayuda a reafirmar (o descartar)
Trabajar de interina le sirvió para confirmar que eso era lo que quería.
No todas las oposiciones te dan esa oportunidad. Aprovéchala si puedes.
7. Hay que confiar en tu plan
La última semana, Ainoa tenía claro: "Voy a hacer simulacros. Puede salir bien o puede salir mal, pero voy a confiar en esto".
No rompió su plan.
Y funcionó.
Mensaje final
La historia de Ainoa me emociona profundamente porque es real.
No es una historia de "me puse a estudiar y aprobé a la primera". Es una historia de quedarse cerca cinco veces, de llorar, de plantearte si seguir, de bajones brutales.
Pero también es una historia de aprendizaje constante. De ir ajustando. De no rendirse.
Y al final, funcionó.
Si estás opositando y te sientes identificado con alguna parte de esta historia, quédate con esto:
Cada examen es un aprendizaje. Cada fallo es información. Cada vez que te quedas cerca, estás más cerca de conseguirlo.
Y cuando lo consigas, podrás escribir tu propia carta.
Gracias, Ainoa, por compartir tu historia con todos nosotros.
¡Y a por esa plaza!
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