De entrenador personal a bombero en Navarra

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Luka FN

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13 feb 2026

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¿Llevas meses estudiando sin ver resultados reales? ¿Te cuesta memorizar datos, números, listados infinitos? ¿Sientes que estudias muchas horas pero no avanzas?

Hoy te traigo la historia de Iker, un bombero de Navarra que apostó por Formación Ninja en septiembre de 2020, cuando éramos una cuenta pequeña de Instagram que acababa de empezar.

Su historia demuestra que las técnicas de estudio funcionan, que la disciplina se construye día a día, y que puedes cambiar radicalmente tu forma de estudiar.

Iker estudiaba Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Siempre había sido una persona de entender, de comprender, de razonar.

Nunca había memorizado en su vida.

Y de repente se enfrenta a una oposición a bombero en Navarra donde tiene que memorizar listados infinitos, números exactos, datos concretos, páginas enteras de un temario cerrado.

¿Cómo lo hizo?

Cambió completamente su forma de estudiar.

Apostó por las técnicas de estudio desde el principio, aunque al principio le sonaban raras.

Aplicó reglas mnemotécnicas a todo: legislación, geografía, temario técnico.

Se disciplinó brutalmente: pomodoros de 50-10 desde las 7 de la mañana hasta las 8:30 de la noche.

Trabajó en una fábrica los fines de semana (turnos de 12 horas) para poder estudiar de lunes a viernes sin interrupciones.

Y consiguió un 8,08 en el examen (133 puntos de 150).

Plaza de bombero.

En este artículo te cuento:

  • La historia completa de Iker desde que descubrió Ninja hasta conseguir la plaza

  • Cómo pasó de estudiar "entendiendo" a memorizar todo con técnicas de estudio

  • Su rutina diaria como opositor: pomodoros, entrenamientos, trabajo

  • La decisión radical de trabajar en una fábrica los fines de semana

  • Cómo preparó un temario cerrado en Navarra (estrategia de vueltas)

  • La gestión del examen (4 bloques, tienes que aprobar todos)

  • Los últimos días antes del examen (la locura de parar dos días antes)

  • El día del examen y la sensación de "lo tengo todo bien"

  • Las pruebas físicas y la decisión de no arriesgar

  • Consejos para opositores que están empezando

Si crees que memorizar no es lo tuyo, si vienes de una carrera donde lo importante era "entender", si te cuesta aplicar técnicas de estudio, esta historia es para ti.

Vamos al grano.

Cómo descubrió Formación Ninja (y por qué apostó cuando nadie más lo hacía)

Iker descubrió Formación Ninja en septiembre de 2020.

Por Instagram.

Una cuenta pequeña que acababa de empezar.

Iker vivía en Huesca en ese momento, pero sabía que quería opositar a bombero en Navarra (su tierra).

Acababan de anunciar una oferta brutal: 30 plazas de bombero durante 5 años seguidos.

"Una oportunidad que no se va a volver a repetir", pensó Iker.

Así que decidió: voy a por esto.

Informarse bien sobre cómo funcionan las oposiciones fue clave para entender el proceso, las pruebas y los plazos que debía cumplir.

¿Por qué apostó por Ninja?

Vio la cuenta de Instagram y le convenció la manera en la que abordábamos todo el tema de opositar.

"Contáis la experiencia de opositar como algo innovador, algo chulo."

Entró en la web, vio que parte del temario coincidía con el de Navarra (no todo, pero parte).

Y pensó: "Gente que aborda las cosas con nuevas técnicas de estudio, con nuevo enfoque, y que comparte parte del temario que tengo yo."

No era evidente la decisión.

Lo normal era apuntarse a una academia de bomberos en Navarra.

Pero Iker vivía en Huesca y le gustó el enfoque.

Apostó.

El gran cambio: de estudiar "entendiendo" a memorizar con técnicas

Iker siempre había sido una persona de entender.

Había estudiado Ciencias de la Actividad Física y del Deporte.

Un ámbito que le apasionaba.

Leía estudios, buscaba aplicaciones prácticas, intentaba comprender todo.

Nunca había memorizado en su vida, y mucho menos había usado técnicas de estudio estructuradas para mejorar su rendimiento.

Nunca había memorizado en su vida.

Y de repente se enfrenta a una oposición donde tiene que memorizar:

  • Listados infinitos de pueblos, ríos, montes

  • Números exactos (alturas, distancias, capacidades)

  • Artículos de leyes palabra por palabra

  • Datos técnicos de construcción, hidráulica, mecánica

"En el colegio, en el instituto, siempre nos dicen que tenemos que estudiar COMPRENDIENDO las cosas, no memorizando. Y de repente empiezas la oposición y esto es TODO LO CONTRARIO. Los exámenes son pruebas de MEMORIA."

Iker nunca había hecho esto.

¿Cómo lo afrontó?

Con técnicas de estudio.

"Lo que más me llamó la atención de Ninja fue el hecho de las reglas mnemotécnicas. Yo me veía en una posición en la que memorizar era algo que no había hecho nunca. ¿Cómo voy a memorizar tantas cosas? ¿Cómo voy a memorizar cosas que no entiendo o que si las entiendo a medio pelo no me van a ayudar?"

Iker apostó por las técnicas desde el primer día.

Aunque le sonaban raras.

Aunque no era intuitivo.

"No es intuitivo. Toda la vida hemos estudiado comprendiendo. Y de repente llego yo y digo: no, no, esto es todo lo contrario. Los exámenes son pruebas de memoria. Lo que hay que hacer es MEMORIZAR sin entender nada."

Luego entenderás conforme empieces a memorizar, conforme apliques técnicas, conforme avances.

Pero tu objetivo es pasar el examen.

Y para pasar el examen tienes que memorizar.

La rutina diaria brutal: pomodoros de 50-10 desde las 7 de la mañana hasta las 8:30 de la noche

Iker trabajaba mientras opositaba.

Siempre trabajó.

Primero en una tienda de deportes en Huesca (media jornada).

Luego como entrenador personal en Pamplona.

Pero llegó un momento en el que vio que no podía compaginar bien el trabajo de entrenador personal con la oposición.

¿Por qué?

Porque te exigía estar disponible a horas dispersas: un entrenamiento a las 8 de la mañana, otro a la 1, otro a las 4, otro a las 7 de la tarde.

"Tenías muchas horas entre medias pero no podías encadenarlas de forma que fueran más fructíferas. No podías desempeñarte a fondo en ellas."

Así que tomó una decisión radical:

Trabajar en una fábrica los fines de semana.

Turnos de 12 horas (de 6 de la mañana a 6 de la tarde, o de 6 de la tarde a 6 de la mañana).

¿Por qué?

Porque le permitía tener toda la semana (de lunes a viernes) para estudiar sin interrupciones.

"Era duro, pero en otra parte era el momento que tenía de descansar de la rutina de semana. La fábrica, contra muchos prejuicios, estaba muy bien. Los compañeros estaban más relajados en fin de semana. Era un trabajo muy mecánico: fabricábamos bolsas de basura. Yo podía escuchar podcasts mientras trabajaba. Me servía como desconexión."

Iker hipotecó parte de su descanso y su vida social y familiar.

Pero sabía que era una temporada.

"Apostar por decir: vale, es una temporada, es un tiempo, luego ya terminará esto y a partir de ahí ya mejorará todo."

Su rutina de lunes a viernes:

7:00 - 13:00: Estudio (pomodoros de 50-10)

  • A mitad de mañana, descanso más largo (20-30 minutos): bajar a tomar un café, dar una vuelta, despejar

  • Volvía y seguía hasta la 13:00

13:00 - 14:30: Entrenar (pruebas físicas de bomberos)

14:30 - 16:30: Comer y descansar

16:30 - 20:30: Estudio (pomodoros de 50-10)

A las 20:30 terminaba.

Religiosamente.

Nunca estudiaba después de las 20:30.

"La cena era sagrada. Era de los pocos momentos que tenía para estar con mi pareja o ir a casa de mi madre, estar con mi hermano pequeño. Era un momento de romper. Si terminaba a las 20:30, ese margen hasta el día siguiente intentaba saber lo menos posible de la oposición. Nunca puedes desconectar al 100%, pero intentaba disociar mentalmente lo máximo que pudiera."

Iker era muy diligente con los horarios.

Muy disciplinado.

"Terminaba pronto porque escuché algún consejo tuyo de que a las 20:30 como tarde ya ha terminado. Nada de estudiar después de cenar. Aunque quedase un mes y medio para el examen, nada. A partir de las 20:00 ya terminas."

Esto le ayudaba a no llegar revolucionado a la cama.

A descansar mejor.

A no estar pensando constantemente en la oposición.

Cómo preparó el temario: ver clases mientras maquetaba (y la segunda vuelta brutal)

Iker tenía claro su método desde el principio:

Ver las clases mientras maquetaba.

No veía la clase y luego maquetaba.

Todo a la vez.

"Puede ser un poco más lento que ver una clase y luego maquetar después. Pero yo le veía más aplicación de: me acaban de explicar esto, lo tengo muy fresco en la cabeza, me sirve la técnica que ha utilizado el profesor. O si no, aplico mi idea que se me acaba de ocurrir al momento. Si lo plasmas en el momento, lo haces. Si dices 'me hago una pequeña anotación y lo hago más tarde', yo no funciono así. No tengo esa capacidad. Lo hacía en el momento."

¿Cuántas clases veía al día en esa primera vuelta?

Cinco o seis clases tranquilamente.

Al principio eran dos o tres.

Pero luego cambió el chip.

"Llegó un punto en el que dije: si sigo así intentando dejar maquetado hasta el último detalle, el último apóstrofe, voy a tardar un año. Y ya se me ha pasado una oportunidad. Entonces cambias el chip y dices: vale, desde un punto de vista de alguien que hace un examen, ¿qué te van a preguntar?"

En Navarra, el tribunal coge a un funcionario cualquiera y le dice: "Te voy a dar X páginas, de estas páginas coge una pregunta."

Entonces tú ves una página y te llama la atención:

  • Una fórmula que está puesta en rojo

  • Una imagen con datos concretos

  • Un listado de sujetos, quién hace qué

  • Una tabla enorme de valores

"Piensa en cómo te van a preguntar. Y ahí metes un cambio de ritmo, metes un turbo que te cambia la manera de estudiar de nuevo."

La primera vuelta: le costó un año y algo.

La segunda vuelta: le costó tres meses.

"Una pasada. Cada vez más rápido."

¿Cómo fue la segunda vuelta?

"Ya no es de estoy viendo una clase, estoy escuchando a alguien. Aquí ya es trabajo puro y duro de tú contigo mismo. Los dos primeros días en los que cambias el chip a 'no estoy acompañado, ya es estudiar conmigo mismo', es un poco raro. Pero luego ibas a las páginas y veías: 'Ah, sí, esta es la regla mnemotécnica de tal, me acuerdo.' Y te acordabas. Eras incluso capaz de evocar el momento en el que cogías la imagen de internet y la buscabas. Y ahí es cuando empiezas a subir nivel."

Además de su preparación teórica, Iker aprovechaba las herramientas digitales para organizar su estudio y gestionar materiales. Conocer conceptos básicos de ofimática le ayudó a maquetar apuntes, crear esquemas y mantener un sistema de repaso ordenado y eficiente.

La primera convocatoria: se quedó a 6 plazas (sin haber terminado la tercera vuelta)

Iker se presentó por primera vez en junio de 2022.

Llevaba segunda vuelta terminada.

Estaba empezando la tercera vuelta.

¿Por qué tan rápido?

Porque pensaba que la convocatoria iba a ser en septiembre (como otros años).

Pero la pusieron en junio.

"En marzo sacaron las bases y dijeron: no, es en junio, en tres meses."

Putada brutal.

"Si ese examen se hubiese ido a septiembre, yo creo que lo hubiera sacado. Estoy convencido de que habría entrado."

Iker llegó con segunda vuelta terminada y empezando la tercera.

Se centró en los detalles más importantes.

Construcción se le fue un poco apurado (es un tocho tremendo) y se quedó con las cosas más importantes.

Resultado del examen:

Le fue bien.

Aprobó el teórico.

Pasó a las pruebas físicas.

Pasó al psicotécnico de bomberos.

Se quedó a 6 plazas de entrar.

"Si ya habían convocado 45 plazas, me habría quedado del 55 para abajo."

Muy cerca.

"Lo piensas fríamente y dices: es tu primer año, la gente tarda un montón de años, eres un afortunado de estar ahí. Pero siempre te quedas con esa cosa de: joder, es que me he quedado muy cerca."

¿Qué le dio esa experiencia?

Confianza brutal.

"Me dio el decir: es que en poco tiempo estoy aquí. Si en un año que llevo así intenso, un año y poco que llevo de forma muy intensa, he llegado hasta aquí, es que la siguiente va a ir rodada."

Y así fue.

La segunda convocatoria: tercera vuelta completa, vueltas rapidísimas y confianza absoluta

Después de quedarse a 6 plazas en septiembre, Iker no paró.

Hizo las pruebas físicas. Hizo el psicotécnico.

Y el lunes siguiente ya estaba estudiando.

"El psicotécnico fue un viernes. El lunes ya estaba estudiando."

Se buscó el trabajo en la fábrica los fines de semana.

Y a darle.

¿Qué hizo diferente?

Dio un paso atrás en algunos temas clave.

Volvió a ver clases de teoría del fuego, métodos de extinción, temas fundamentales.

"Dije: vale, esto lo afianzamos bien, que puede ser que pilles algún vicio a lo largo de alguna de las vueltas y lo hayas ido repasando de forma incorrecta."

Eran cosas muy puntuales.

El resto: vueltas y vueltas y vueltas.

De septiembre a enero: tercera vuelta completa (4 meses).

De enero a febrero: cuarta vuelta (1 mes).

Marzo: quinta vuelta (3 semanas).

Y ahí ya:

Vueltas de dos semanas.

Vueltas de una semana.

"Ahí es cuando empiezas a subir puestos super rápido. Cuando empiezas a dar vueltas muy rápidas, porque no le da tiempo a tu cerebro a olvidar el temario. Y ahí descansas mentalmente mucho. Ya no hay hueco a la incertidumbre. Ya es de: veo una página y ya sé qué hay en esta página. Me lo sé, me lo sé."

¿Cuántas vueltas dio en total desde enero hasta el examen de junio?

Cinco o seis vueltas.

Las últimas ya no eran vueltas a todo el temario.

Eran vueltas a aquellas cosas clave: datos importantes, tablas, listados.

"Jugaba un poco a ver si me acordaba. Abría la página y: aquí había esto, esto, esto y lo otro. No eran los datos más importantes que te podían preguntar, pero por jugar un poco a ver qué tal iba."

"Sales con una confianza brutal. De acordarte. Y no solo de acordarte por descarte en un test, sino de que te den cuatro opciones y decir: el dato es ESTE. Sin siquiera ver las opciones. Ya lo sabías. Si te preguntaban aleatoriamente poder calorífico de tal material, ya te lo sabías."

Iker llegó al examen de junio de 2023 con confianza absoluta.

El ejemplo de Iker también inspira a quienes buscan servir a su comunidad sin dedicarse profesionalmente al cuerpo. Muchos comienzan como bomberos voluntarios, adquiriendo experiencia y valores que luego aplican al preparar sus oposiciones oficiales.

Los últimos días antes del examen: dos días sin estudiar (la locura de Iker)

Iker fue reduciendo horas progresivamente la última semana.

Como cuando tienes una carrera y haces tapering: mantienes intensidad en cosas importantes pero relajas en horas totales.

"Iba descargando. Iba disminuyendo esa carga para llegar al día del examen con ganas de correr, con sensación de que me siento super bien."

La última semana: estudiaba dos horas al día.

Los dos días anteriores al examen: NO ESTUDIÓ NADA.

Nada.

Cero.

"Todo trabajo mental. Todo trabajo en la cabeza. Sabía que el temario lo controlaba, lo dominaba. Todo cuidar la cabeza y llegar tranquilo."

Iker había hecho el error en la primera convocatoria de estudiar hasta el último momento.

Miraba el tocho de apuntes (en papel) y pensaba: "Dos días, no vas a repasar todo. Te puede el nervio de quiero hacerlo, quiero volver a mirar, quiero tal. Pero dices: es que vas a mirar una cosa que ya te la sabes. Y siempre vas a tener la idea en la cabeza de me dejo todo el resto de cosas sin mirar."

Así que en la segunda convocatoria decidió:

"Para mirarme otra cosa y quedarme con mala sensación de que no he mirado el resto, me quedo con la confianza plena y con la conciencia tranquila de: ya está trabajado, ya está hecho. Y no caigo en esa tentación de miro, miro, miro, miro. ¿Hasta cuándo? ¿Hasta 10 minutos antes del examen? Porque por poder podrías, pero es que no te va a servir de nada."

Dos días sin estudiar.

Confianza absoluta.

El día del examen: 150 preguntas, 4 bloques, tienes que aprobar todos

El examen de bombero en Navarra es peculiar:

150 preguntas totales.

Divididas en 4 bloques:

  • Legislación: 25 preguntas

  • Geografía (territorio): 25 preguntas

  • Salvamento: 25 preguntas (antes era bloque separado, ahora está integrado en técnico)

  • Conocimientos técnicos: 75 preguntas

Tienes que aprobar los 4 bloques.

Si suspendes uno, estás fuera.

Aunque tengas 140 puntos totales, si suspendes un bloque, fuera.

Estrategia de Iker:

Empezó por legislación (el bloque más duro para él, el más ambiguo).

"Era el que más dudas me podía causar. Conceptos difíciles, leyes amplias. Yo no había visto derecho en mi vida. Dije: vale, cuanto antes lo haga, antes me lo quito de encima. Mejor empezar por ahí cuando estás más fresco."

Resultado legislación:

Respondió 24 de 25 con certeza.

Una la dejó para la segunda vuelta.

"Estas 24 las tengo, me las sé. La 25 estaba dudando entre dos. Me la dejo para luego."

Pasó al bloque de geografía (territorio):

Respondió 17-18 con seguridad.

"Ya sabía que ese bloque lo tenía aprobado. Ya tengo dos de cuatro. He hecho lo más difícil."

Pasó al bloque de salvamento:

Respondió 73 de 75 en la primera vuelta.

"Pam, pam, pam, pam, salía. Ahí fue cuando dije: esta el último bloque que dio problemas el año anterior, lo tienes controlado. Vamos a ver cómo de difícil es este año."

Pasó al bloque de conocimientos técnicos:

Respondió 17-18 en la primera vuelta.

"Sabía que ahí tenía aprobado también. Habría respondido de las 150 preguntas bien y con confianza 120-125, que había sido por encima de la nota de corte del año anterior. Pero sabía que tenía que dar un poco más para quedarme tranquilo."

Segunda vuelta:

Rescató 8 preguntas más que consideraba muy seguras.

"Entre las que había estado dudando entre dos, me decanté por aquella que me daba más confianza. Conseguí meter esas otras 8 que yo consideraba muy muy seguras."

Tercera vuelta:

Se le quedaron 15 sin responder.

Eran las más difíciles, las que más se la podía jugar.

"Opté por una estrategia muy radical: NO respondo ninguna de estas 15. Las dejo en blanco. Tengo mucha confianza en las 135 que he respondido. No voy a caer en la aleatoriedad de que me puedan jugar una mala pasada."

Iker sabía que tenía muy buena nota.

No quería arriesgar.

"Da bastante vértigo dejar cosas en blanco. Pero tenía tanta confianza en el resto que no quería arruinar por un lado el pensamiento de: el resto lo has hecho tan bien y lo tienes tanta confianza, no arruines todo lo que ya has hecho bien por estas que pueden salir bien o mal."

Nota final: 8,08 (133 puntos de 150).

Plaza asegurada.

La sensación al salir del examen: llorar de felicidad

Cuando salieron del examen, pusieron en un tablón las respuestas provisionales.

Iker salió, sacó el móvil, hizo una foto.

Su familia le esperaba en casa.

"Yo creo que lo pasaron ellos peor que yo. Yo mientras lo estaba haciendo iba tranquilo, pero el tiempo que debieron de haber pasado ellos en casa, tela."

Llegó a casa.

"¿Qué tal? ¿Qué tal? Bien. Vamos a corregirlo."

Empezaron a corregir.

"Y me iba poniendo las preguntas y era: bien, bien, bien, bien. Vas viendo que las vas teniendo todas bien. Y en el momento en el que de repente te das cuenta de que dices: tengo una muy buena nota, estoy dentro..."

Se puso a llorar.

"A veces cuando sale toda la tensión, igual no la estás pasando mal, pero dentro de ti hay algo que está tenso inevitablemente. Fue terminar y decir: joder, ya está. He hecho la parte más difícil, la que me va a permitir a partir de ahora estar tranquilo. Ya está."

Ese día trabajaba. Tenía turno de noche en la fábrica.

"Me acuerdo que nos fuimos a comer fuera con el poco dinero que tenía. Invité a toda mi familia. Y aunque estaba trabajando en la fábrica, estaba feliz, con la música, llevaba una alegría encima tremenda. Fue quitarme una carga de encima brutal."

Las pruebas físicas: la decisión de no arriesgar (y parar en el periodo 11)

Iker tenía 133 puntos en el teórico.

Le quedaban 50 puntos de las físicas.

¿Cómo era de bueno físicamente?

"Nivel medio. No soy de los mejores."

Iker venía de hacer triatlón. Era una persona más diesel (resistencia).

Las pruebas de bombero son explosivas puras y duras.

Pero tenía algunas pruebas que se le daban muy bien:

  • 100 metros natación: prácticamente la mejor nota asegurada

  • Press banca: con entrenamiento se mejora fácil

  • La de correr: aguantaba bien

Estas tres pruebas contaban 10 puntos cada una.

El resto (las explosivas) contaban 5 puntos y ahí no era ningún fuera de serie.

"Sabía que teniendo esas tres de 10 puntos bien, ya tenía muchos puntos hechos. El resto solo tenía que aprobarlas."

Fue a las físicas muy tranquilo.

"Sabía que si las aprobaba, con las notas que tenía, no me iban a sacar. Fue un poco la mentalidad. En la primera me tocó ir de otra forma, de: tengo que apurar un poco más. Pero te cambia la manera de estar tranquilo."

La anécdota brutal:

Tenían una prueba llamada el Course Navette (el test del pitido).

Tienes que hacer 11 periodos para aprobar.

Iker entrenando hacía 13 y medio.

Llegó el día del examen.

"Llegué al periodo 11. 11 y medio. Me quedaban dos idas y venidas más para el 12."

Y en ese momento su cabeza empezó a pensar:

"Imagínate. Tienes que llegar a una zona de seguro sí o sí. Y a partir de ahí ya vas acumulando. Pero hay una zona que tienes que llegar SÍ O SÍ. Y ahí es cuando la cabeza te empieza... ¿Y si pisas la línea al lado? ¿Y si en un giro te resbalas y no llegas a la zona de seguro?"

Había hecho todo. Tenía buenas notas.

"Llegó el periodo 11 y medio largo. Me quedaban dos idas y venidas más para el 12."

Y se paró.

Se paró.

"Cogí y me paré. Se me quedaban los jueces mirando: ¿pasa algo? ¿Te has hecho daño? No, no. Me paré. No quiero más."

Los jueces flipando.

"Y esa sí que me ha dado a veces más remordimiento pensarla. Podías haber hecho mucho más. Pero yo sabía que con los puntos que tenía, matemáticamente era imposible que me adelantaran. Y dije: ¿qué estás haciendo aquí? Eres bombero. ¿Qué estás haciendo aquí?"

"Me dio hasta el periodo 11. A partir del 11 ya era avaricia. Todo lo que tienes a partir de aquí ahora es ego. Y llegó el... me habría costado menos de un minuto darme cuenta o achantar o lo que sea. Pero dije: hasta aquí. Y terminé."

Luego le entró remordimiento.

"Hay muchas que piensas: era la C. Y no la respondes. Luego llegas a casa, corriges, y efectivamente era la C. Podía haber sido la B también. Dices: menos mal."

"A veces me cuesta aceptarlo, que es la buena decisión. Pero el final ha sido positivo, así que buena decisión."

¿Lo volvería a hacer?

"Si lo volviese a hacer, de 100 veces, en 99 haría lo mismo. Tiene que haber una en la que te da la vena valiente, lo haces diferente y sacas buena nota y todos contentos. Pero o puede ser la historia de mi colega: estaba dentro y se resbaló cuando ya era el último giro y no es bombero por eso."

"Ese no voy a ser yo."

Consejos de Iker para opositores

1. Las técnicas de estudio funcionan (aunque al principio parezcan raras)

"Al principio dudaba. Pensaba: ¿qué ventaja voy a sacar con el digital? Pero confié y seguí. Y al día siguiente me acordaba de la imagen del pegamento que había puesto en un artículo. 'Algo hay aquí', pensé. Y seguí."

Las técnicas funcionan.

Pero tienes que confiar y seguir.

2. Memorizar no es malo (es necesario para aprobar)

"Toda la vida nos dicen que tenemos que estudiar COMPRENDIENDO. Y de repente empiezas la oposición y es TODO LO CONTRARIO. Los exámenes son pruebas de MEMORIA. Lo que hay que hacer es MEMORIZAR."

Luego entenderás.

Pero primero memoriza.

3. Disciplina día a día (tú eres tu propia exigencia)

"Yo nunca he sido mal alumno, pero siempre funcionaba por la ley del mínimo esfuerzo. Si estudiando un día o dos antes podía aprobar, ni me planteaba estar una semana para sacar buena nota. Aquí tuve que cambiar el chip totalmente."

"Una de las mayores enseñanzas que me llevo es: TÚ A TI MISMO. No tienes que haber nadie que te vaya controlando. Tienes que ponerte tú. Y llega un punto en el que te das cuenta de que tú eres tu propia exigencia."

4. Respeta los límites (pero aprovecha la inercia de los días buenos)

"Terminaba a las 20:30. Religiosamente. La cena era sagrada. Era de los pocos momentos que tenía para estar con mi pareja, con mi familia. Era un momento de romper."

No estudies hasta las tantas.

Respeta tu descanso.

Pero aprovecha la inercia de los días buenos.

5. Confía en tu criterio (cuando tengas confianza absoluta)

"Los dos días anteriores al examen no estudié nada. Sabía que el temario lo controlaba. Todo cuidar la cabeza y llegar tranquilo. Para mirarme otra cosa y quedarme con mala sensación, me quedo con la confianza plena."

Cuando sabes que lo tienes, no arriesgues.

Confía.

6. En el examen: asegura lo que sabes (no arriesgues lo que no sabes)

"Opté por una estrategia muy radical: dejé 15 preguntas en blanco. Tenía mucha confianza en las 135 que había respondido. No quería arruinar todo lo que ya había hecho bien por estas que podían salir bien o mal."

Da vértigo dejar cosas en blanco.

Pero si sabes que tienes muy buena nota, no arriesgues.

7. Opositar te cambia la vida (desde que decides serlo)

"No eres consciente hasta que pasan unas guardias. Pero a mí ya me cambió la vida desde que me puse serio a estudiar. Cambié esa personalidad. Pasé a ser una persona disciplinada. Eso lo sigo teniendo hoy en día."

"Miro atrás, veo la persona que era, la que soy ahora, y tengo mucha más confianza en mí mismo. Soy una persona mucho más disciplinada, más feliz, asumo las cosas con más ilusión."

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Iker apostó por Formación Ninja cuando éramos una cuenta pequeña de Instagram.

Confió en las técnicas de estudio aunque al principio le sonaban raras.

Se disciplinó brutalmente: pomodoros de 50-10 desde las 7 de la mañana hasta las 20:30.

Trabajó en una fábrica los fines de semana para poder estudiar sin interrupciones de lunes a viernes.

Y consiguió un 8,08 en el examen.

Plaza de bombero.

Si sientes que memorizar no es lo tuyo, si vienes de una carrera donde lo importante era "entender", si te cuesta aplicar técnicas de estudio, sigue.

Las técnicas funcionan.

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