
¿Alguna vez has pensado que aprobar una oposición en menos de un año es imposible? ¿Crees que necesitas años y años de preparación para conseguir tu plaza? ¿Te han dicho que las oposiciones de bomberos son tan duras que requieren mínimo tres o cuatro años de estudio?
La historia de Camil va a desmontar todos esos mitos.
Hoy quiero compartir contigo un testimonio brutal de un opositor que aprobó las oposiciones de Bomberos del Ayuntamiento de Madrid en 9 meses y 15 días, quedándose en el puesto 36 de 126 plazas.
Esto no es magia. No es suerte. No es que Camil sea un genio superdotado.
Es estrategia, análisis, disciplina brutal y sacrificio consciente.
Camil es nadador profesional. Viene del mundo de la competición de élite. Y aplicó esa mentalidad de deportista de alto rendimiento a las oposiciones.
El resultado: 9 meses y 15 días desde que abrió el primer libro hasta que consiguió su plaza.
Esta es su historia.
De nadador profesional a opositor: el momento del clic

Camil no tiene una historia extravagante sobre por qué quiso ser bombero.
No tiene familiares bomberos. No tuvo ninguna experiencia traumática que le marcara.
Simplemente a los 8 o 10 años le llevaron de excursión con el cole al Parque de Bomberos de Alcorcón.
Les enseñaron un coche desmontado. Les llevaron a la zona de cuerdas. Algunos niños pudieron subir.
Y a Camil se le quedó grabado.
Llegó a casa y se lo comentó a su madre. "Ahí se me quedó eso en la cabeza ya".
Pasaron los años. Camil fue creciendo. Siempre fue una persona muy activa, muy física. No se veía trabajando de lunes a viernes de 9 a 5 en una oficina.
Le gustaba lo físico. Le gustaba ayudar a la gente.
Y poco a poco fue tomando forma la idea: "Esto creo que va a ser lo mío".
Antes de lanzarse, empezó a informarse sobre las diferentes oposiciones disponibles en el ámbito público, entendiendo los requisitos, procesos y tiempos que implicaban este tipo de convocatorias.
El respaldo: arquitectura primero, oposiciones después
Pero Camil tenía algo muy claro: quería hacer los deberes antes.
Estudió Arquitectura. Le quedan un par de asignaturas para terminarla completamente, pero decidió dejarla cuando se metió de lleno en la oposición.
¿Por qué estudiar una carrera si quería ser bombero?
"Me gusta tener las espaldas cubiertas. Una oposición hay que creérsela, pero también hay que ser consciente de que hay cosas que a veces no salen y tardan tiempo".
Camil conocía historias de gente que llevaba 14 años opositando. Y reconoce: "Yo no sé si sería capaz de estar 14 años invirtiendo tiempo, dinero... mentalmente eso te come si no estás fuerte".
Así que quería tener un respaldo. Un plan B. Algo que le diera seguridad.
No es que fuera inseguro. Es que era realista.
"No soy muy de jugármela, de ir con todo sin tener ese apoyo de tener algo detrás".
Durante su etapa universitaria, Camil también se familiarizó con herramientas digitales básicas que más adelante le servirían para organizar su estudio y elaborar resúmenes, comprendiendo la importancia de la ofimática en el manejo eficiente del material y la planificación personal.
La preparación invisible: años observando antes de empezar
Aquí viene algo fundamental que muchos no ven.
Camil no aterrizó en las oposiciones de cero.
Desde los 15 o 16 años ya se estaba mirando un poco el tema de oposiciones. No había abierto un libro, pero sabía de qué iban.
Se miraba las convocatorias por encima. Iba viendo cuándo salían, cómo funcionaban.
En 2021, con la carrera en marcha, se presentó a una convocatoria sin haber abierto un libro. Solo para ver. Para aprender. Para coger experiencia.
Y esto es clave: Camil llegó a finales de 2023 sabiendo ya cómo era el mundo de las oposiciones.
No tuvo que aprender desde cero qué era una convocatoria, cómo funcionaban las bases, cómo era un examen tipo test.
Ya lo sabía.
Esa "preparación invisible" le dio una ventaja brutal.
Presentarse a todo: la estrategia de exponerse
Camil tiene una filosofía clara que viene del deporte:
"La experiencia es un grado. Cuanto más cómodo estés en una situación, más probabilidades tienes de que salga bien".
Así que se presentó a todo lo que pudo.
Preparado de verdad se presentó a dos oposiciones: Ayuntamiento de Madrid y Comunidad de Madrid.
Pero se presentó a 10 o 15 oposiciones más solo para coger experiencia:
Bomberos en un montón de sitios donde no iba a competir
Policía Nacional (para hacer las físicas y ver cómo era)
Policía Municipal
Barrendero de Fuenlabrada
"Me presentaba a probar, a ver cómo era el llamamiento, a ver cómo eran los nervios, cómo se aglomera la gente alrededor de la puerta".
Incluso se presentó a Policía Nacional hace un par de años solo para hacer las físicas.
¿Por qué?
Porque él estaba acostumbrado a competir en natación: con su bañador, su gorro, en una piscina. Sabía cómo funcionaba eso.
Pero un examen teórico, psicotécnicos de bomberos, alargan los tiempos... eso cambia mucho.
"Yo siempre intento exponerme a todas las situaciones posibles para aprender, para estar más cómodo el día que toque".
El aterrizaje en Formación Ninja: finales de 2023
Camil empezó a finales de 2023, justo antes de que salieran las bases.
Y aquí viene algo fundamental: Camil es muy crítico consigo mismo, muy analítico.
Cuando aterrizó, lo primero que hizo fue analizar:
¿Dónde estoy?
¿Qué capacidades tengo?
¿Qué se me puede dar bien?
¿Qué tengo más o menos trabajado?
Y en base a eso, se hizo un planning personal.
"Adapté todo el estudio a mí. Eso no significa que vaya a servir para otras personas, pero es el tema de decir: 'Vale, yo soy así, tengo mis cualidades, a ver cómo planifico el estudio para sacar el máximo rendimiento'".
¿Por qué eligió Formación Ninja?
"Yo quería sacármelo por mi cuenta. No quería perder tiempo en ir a academias, dinero en gasolina, tiempo en ir y volver. Creo que soy suficientemente espabilado como para que tú me des una clase, la pueda ver, la pueda poner en 0.5 o en 1.5, esto no me he enterado, lo doy para atrás, en mi casa, me lo cuadro yo".
Además, Camil funciona bien en casa. No necesita ir a la biblioteca.
"Me levanto por la mañana, me pongo a estudiar. Estoy ahí. Me pude gestionar el tema de horarios muy bien. Eso otra academia no te lo da".
Las dos primeras semanas: aprender a estudiar
Camil no se lanzó directamente a estudiar el temario.
Las dos primeras semanas las dedicó a aprender a estudiar.
Se puso a ver vídeos de cómo estudiar, técnicas de estudio, cómo dormir, entrevistas de otros opositores.
"Los típicos cursos introductorios que tenemos en la plataforma. Todos. Aunque la mitad de cosas ya supiera, me las veía porque igual sacaba algo".
Algunas técnicas le cuadraban mejor. Otras ni para atrás.
"También hay que tener ese criterio. Está bien, pero no son para mí".
Y algo clave: educó a su cuerpo y a su cabeza a estar 8-10 horas sentado.
No se veía los vídeos tumbado en la cama o comiendo. Se sentaba en su mesa, ponía la tablet y se los veía como si fuera una clase.
"Al final es cuestión de hábitos. Hay que ir educando a la cabeza".
Esas dos primeras semanas metió 7-8 horas al día de vídeos y formación.
No era estudiar el temario. Era prepararse para estudiar.
La primera vuelta: tres meses de maquetación brutal
Camil tardó tres meses en dar la primera vuelta al temario.
Y aquí viene algo importante: fue directo al tema 1.
"No me voy a poner con el tema 7 que es de rescate en altura, que es facilito y cortito. No. Tema 1, tema 2 y así. Además, en el Ayuntamiento va por orden. ¿Qué mejor que estudiar por orden si luego en el examen te lo van a preguntar por orden?".
¿Qué hacía en esa primera vuelta?
Maquetar.
Veía las clases (algunas en 1.5x de velocidad), iba maquetando el temario en su iPad.
Había temas que dominaba por Arquitectura (hidráulica, estructuras, edificación). Esos los filtraba un poco.
Pero iba al 90% de profundidad y a máxima velocidad.
"Iba loco. Veía una barbaridad de clases. Había días que me ponía una clase en 1.5 y tenía que parar o verme otra cosa".
El ritmo de estudio
Se levantaba a las 7 de la mañana
Sacaba al perro, desayunaba tranquilamente, se tomaba su café
Empezaba a estudiar a las 8-8:30
Estudiaba de lunes a domingo
Sin descansos
12 horas brutas al día, que le salían unas 7-8 horas netas
50-60 horas netas a la semana.
Así aguantó dos meses y medio o tres meses.
Los test desde el primer día
Camil hacía test desde el principio.
Y aquí viene algo diferente: perseguía la nota desde el primer momento.
Terminaba un tema: 100 preguntas de ese tema.
Al final del día: 200 preguntas de todos los temas que llevaba estudiados.
"Yo me hacía dos o tres test al día, pero eran siempre de 100 o 200 preguntas. No tenía sentido hacer test de 20 preguntas, no es representativo. El examen son 90-100 preguntas".
Al principio sacaba notas bajas. Pero no se venía abajo.
"Había que ser realista. Es lo normal. No puedo esperar empezar y estar sacando ochos. Estoy compitiendo con gente que lleva 4 años".
A los dos o tres meses ya estaba sacando ochos y nueves de media.
Llegó un punto en que se sabía las preguntas de Ninja de memoria. Hacía un test de 100 preguntas en 4 o 5 minutos.
"Leía la pregunta y sabía la respuesta ya. Eso tampoco es bueno. Ya te la sabes. Pero es una manera de estudiar, de fijar datos".
El control obsesivo
Camil llevaba un control brutal de todo:
Un documento con las horas que metía cada semana
Un documento con todas las notas que iba sacando
Una hoja resumen de todos los temas del temario: horas que tardaba en cada vuelta, nivel de conocimiento por colores, nivel que consideraba que tenía
"Era una hoja superceta. De un vistazo tenías toda la info. Si un tema tenía un rojo, algo va mal ahí".
También se hizo plannings a futuro: si el examen cae en julio, cuántas vueltas me da tiempo. Si cae en septiembre, cuántas vueltas.
"Son unas pajadas de la hostia, pero tenía mis posibilidades. Me pone el examen en julio, vale, tengo esta posibilidad. Me lo pone en septiembre, vale, me relajo (entre comillas), le puedo meter más vueltas".
El colapso: cuando la cabeza dice "hasta aquí"
Después de terminar la primera vuelta, Camil colapsó mentalmente.
"Me puse a estudiar con un desgraciado. Digo, pues funciona así y yo tengo cabeza y aguanto. No aguantas".
Estudiar de lunes a domingo durante tres meses sin parar le pasó factura.
Se tomó una semana de descanso. Hizo solo test. Estudió dos temas. Nada más.
"El cambio fue drástico, pero me vino bien. Me vino bien para coger energía, ilusión de nuevo".
Y aquí viene algo importante: se pegó la hostia justo después de salir las bases.
La mayoría de gente cuando salen bases entra en modo pánico y aprieta más.
Camil dijo: "Tío, mejor paro. Estoy desquiciado".
Muy valiente.
Las vueltas: de tres meses a semanas
Después del descanso, empezó la segunda vuelta.
Y aquí la velocidad cambió brutalmente.
Primera vuelta: 3 meses
Segunda vuelta: mes y medio o dos
Siguientes vueltas: cada vez más rápidas
Llegó un momento en que estudiaba Constitución Española en dos horas.
"Claro, te la sabes. Son claves y pasas página".
Fue al examen con cinco o seis vueltas al temario.
"No fueron muchas. No me dio tiempo a más".
El simulacro que le cambió todo
Dos o tres meses antes del examen, se hizo un simulacro en Madrid. Se presentaron 600-700 personas.
Camil iba con expectativas: "Si saco menos de un ocho, me deprimo".
Sacó un seis.
"Hostias. Está jodida la cosa. Me cago en todo".
Pero aprendió cosas brutales.
El problema: no había entrenado la ejecución del examen
Camil dominaba el temario. Sacaba ochos y nueves en Ninja.
Pero hacía 100 preguntas en 4 minutos en el iPad. Iba rapidísimo.
No había entrenado el modo simulacro. No había entrenado:
El papel
El tiempo real
La estrategia de vueltas
Qué hacer con las que dudas
En el simulacro, se dejó 15-20 preguntas sin responder por miedo.
Y con eso, el máximo que puedes sacar es un 7.5.
La estrategia para el examen oficial
Después del simulacro, Camil diseñó una estrategia de ejecución:
Primera vuelta: Responder solo las que tengo 100% seguras. Las que dudo, rodeo el número de la pregunta. Las que respondo, tacho el número (para no volver a mirarlas).
Segunda vuelta: Revisar todas las rodeadas. Meter puntos. Jugarme algunas.
Tercera vuelta: Repasar con cabeza, sin fatiga. Cambiar alguna si hace falta.
También se hizo una tabla con todas las combinaciones posibles: qué nota saco si tengo 70 bien, una mal, 14 sin responder. Qué nota con 70 bien, dos mal...
Se subrayó los rangos donde quería estar.
El día del examen oficial
Terminó la primera vuelta con 45-49 preguntas respondidas.
"Me planté y dije: 'Uf, hay un problema aquí. O cambio, o me la juego en algunas'".
Hizo la segunda vuelta. Se jugó 15-16 preguntas (al 90% convencido).
En la última vuelta cambió una y respondió dos más.
Dejó cuatro sin responder.
Resultado: 77-78 netas, siete u ocho mal.
Un 8 con 3 o 8 con 4.
Estaba en plaza.
Las físicas: de nadador a bombero
Camil tenía claro desde el principio: "Las físicas las llevo bien".
Desde el comienzo sabía que las pruebas físicas de bomberos serían determinantes en el proceso, por lo que planificó su preparación con antelación.
Casi todas le salían siete o para arriba sin entrenar específicamente.
"Dije: vale, la física la llevo bien. Oficios siempre he sido una persona muy manual, no creo que me cueste".
Así que tomó una decisión estratégica: priorizar el teórico.
Durante toda la primera etapa (esos tres meses brutales), entrenaba muy poco.
Una o dos veces por semana hacía:
Cuerdas (en una cuerda de 4.5m)
Dominadas
Alguna carrera
"Me hacía tres o cuatro vueltas al parque (1 km). Lo que sí hacía y me molaba: al final me hacía 1 km a gas, en fatiga. Seguro que me sirve para el 1500".
Después del teórico: modo deportista olímpico
Una vez aprobado el teórico, Camil cambió el chip completamente.
"Pasé de solo estudiar a focalizarme en ser prácticamente un deportista de élite, un olímpico".
Se metió en una academia presencial para entrenar oficios (porque necesitas instalaciones específicas).
Y aplicó todo lo que sabía de natación de alto rendimiento:
Alimentación a saco
Descansos perfectos
Dormir de la hostia
Suplementación
Todos los entrenos a muerte, pero con cabeza
"Cuidarse como un atleta olímpico. Comer de la leche. Y los entrenos ir a muerte con cabeza: si en la quinta me molesta el gemelo, párate. Lo peor que te puede pasar es lesionarte dos meses".
El drama de la maza
El primer día de físicas pasó algo con la maza que dejó fuera a mucha gente.
Normalmente en las academias, la viga tiene una goma para que rebote, para que absorba. Y con 300 tíos golpeando a la semana, la viga desliza.
Pero en el examen oficial: viga nueva, sin apenas uso, metal contra metal, no deslizaba.
Camil recibió un mensaje de un colega: "La maza no se mueve. Le está cayendo todo el mundo".
¿Qué hizo?
Llegó a la academia. Le dio la vuelta a la viga (metal contra metal). Le puso pesos. Un tío encima poniéndole el pie.
"Me hice 15 mazas ese día. Llegué con agujetas al día siguiente, pero probando técnica".
La filosofía de entrenar variado
Camil entrenaba con diferentes cuerdas, diferentes campanas, diferentes sitios.
"Si el forjado está aquí y la campana está aquí, no es lo mismo que si la campana está aquí (más lejos). La cuerda se mueve diferente. Todo eso hay que entrenarlo".
Se ponía trabas a propósito:
Vaciaba un poco las ruedas del camión
Cambiaba las guías de sitio
Entrenaba en diferentes instalaciones
"Yo no sabía qué camión iba a tener ese día. Entonces me puteaba mucho".
Hay que entrenar por encima de lo que te van a exigir.
"Los sacos me los pesé la última semana. Digo: vaya a ser que estemos haciendo sacos con 18 kg y llegue y me pesen más. Pesaban 21. Perfecto. Estoy entrenando de por encima".
Resultado de las físicas
Camil sacó un 8.2-8.3 de media en físicas (su media en test de academia era 9.4).
"Luego pasan cosas".
La maza: en vez del 10 que metía siempre, sacó un siete y pico.
El puntal: en academia metía muchas veces 10. En el examen no te la quieres jugar.
"Te quedan puntal y paleo. Dos pruebas. Apruebas y ya está. ¿Te la vas a jugar? ¿Vas a apretar porque vas rápido y te haces pum?".
Especialmente cuando sabes que estás en plaza y que has defendido bien todas las físicas.
"El casco vale más".
Además de su proceso como opositor, Camil siempre ha mostrado respeto por quienes ejercen la vocación de servicio en cuerpos de bomberos voluntarios, valorando el esfuerzo y la entrega que supone participar en tareas de emergencia sin una dedicación profesional exclusiva.
Los sacrificios: priorizar la oposición
Camil fue muy claro con su entorno desde el principio.
"Se lo dije a mis colegas: me vais a ver menos. Voy a estar un año que no vais a verme mucho. Pero hay que hacerlo".
"No puedes querer todo y no ceder. No puedes querer salir con los colegas los fines de semana de fiesta, salir con la novia, con no sé qué... y sacarte una oposición. Hay gente que lo conseguirá. En mi caso tomé esta decisión".
Camil entró en modo sprint.
Sabía que había una convocatoria cerca. Iba a intentar pillarla.
"Igual me hubiese sacado saliendo los fines de semana. Puede ser. No lo sé. Pero tomé la decisión de focalizarme".
De lunes a domingo. Tres meses sin parar.
"No te aíslas como tal, pero sí pones todo tu foco en eso. Tu cerebro funciona por y para eso. Creo que es una manera muy guapa de estudiar, de focalizarte".
"Lo que no puedes hacer es estar a 1000 cosas. No puedes tener 1000 cosas orbitando alrededor tuya, porque no te concentras".
La suerte de aterrizar cuando sale la convocatoria
Cuando Camil empezó a estudiar, a los tres meses salieron las bases.
Su primera reacción: "Vaya suerte la mía. Acabo de empezar a estudiar y me pone la convocatoria".
Sabía que la media de un opositor es sacarse la oposición en dos a cuatro años.
"Si estás por encima de 4 años ya se te está yendo. Si estás por debajo, estás por debajo de la media".
Y él pensó: "Yo no me considero más listo ni más trabajador ni de coña como para sacarme la oposición en menos de un año. Estamos jodidos".
Pero dijo: "Le echo pelotas. Voy a intentarlo".
"Que me pego la hostia, pues me la pego y estoy otros tres años chapando. Pero si existe la posibilidad, hay que ir fuerte por ello".
Esto es fundamental: las circunstancias importan.
Hay gente que aterriza en las oposiciones porque salen bases y empiezan ahí. Pero no es lo normal.
La gente suele empezar a opositar en septiembre. Y se encuentra: ¿cuándo va a ser la próxima convocatoria?
En el caso de Camil, la encontró. Y algunos habrían dicho: "Buf, esta no llego. Mejor más tranqui, a la siguiente".
Camil dijo: "Vamos a darle".
Y funcionó.
Lecciones de esta historia
La historia de Camil nos deja aprendizajes brutales:
1. El análisis previo es clave
Camil no se lanzó a estudiar como un loco sin más.
Primero analizó: ¿Dónde estoy? ¿Qué capacidades tengo? ¿Qué se me da bien? ¿Qué tengo trabajado?
Y en base a eso, planificó su estrategia.
No copió la de nadie. Creó la suya.
2. La preparación invisible cuenta
Camil llevaba años observando antes de empezar.
No aterrizó de cero. Ya sabía cómo funcionaban las convocatorias, las bases, los exámenes.
Esa ventaja le ahorró meses de aprendizaje.
3. Exponerse a situaciones te hace mejor opositor
Presentarse a 10-15 oposiciones solo para coger experiencia es una inversión brutal.
No vas a aprobar todas. Ni siquiera vas a intentar aprobarlas.
Pero vas a aprender a gestionar nervios, a ver llamamientos, a enfrentarte a situaciones nuevas.
Y el día que toca de verdad, estás más cómodo.
4. Hay que entrenar la ejecución del examen
Dominar el temario no es suficiente.
Camil sacaba ochos y nueves en Ninja. Pero en el simulacro sacó un seis.
¿Por qué? Porque no había entrenado la ejecución.
Hacer 100 preguntas en 4 minutos en el iPad no es lo mismo que hacer un examen en papel con estrategia de vueltas.
5. El control obsesivo funciona (si no te quema)
Llevar control de horas, de notas, de vueltas, de plannings...
A algunos les funcionará. A otros les agobiará.
Camil funcionaba así. Era su forma.
"Son unas pajadas de la hostia, pero tenía mis posibilidades".
6. Hay que priorizar en la vida
No puedes querer todo.
Si decides ir a por una oposición en modo sprint, algo tienes que sacrificar.
Camil sacrificó salir con los amigos, salir de fiesta, tiempo con la novia.
Durante un año.
No es para siempre. Es para conseguir un objetivo.
7. El descanso es obligatorio (aunque duela)
Camil colapsó después de tres meses estudiando de lunes a domingo.
Y tuvo que parar.
Justo cuando salieron las bases.
Pero era necesario. Si no para, revienta.
8. Las circunstancias importan
Camil tuvo la suerte de que saliera una convocatoria relativamente rápido.
Eso le permitió ir en modo sprint.
Si hubiera sabido que el examen iba a ser en 3 años, habría estudiado diferente.
Adapta tu preparación a tus circunstancias.
9. El físico también se entrena con cabeza
Camil viene de natación de élite. Pero aun así:
"Cuidado con las lesiones. Lo peor que te puede pasar es romperte algo y estar dos meses parado".
Entrenar variado. Poner trabas. Exponerse a diferentes situaciones.
Y entrenar por encima de lo que te van a exigir.
10. El casco vale más que el ego
En las físicas, cuando sabes que estás en plaza, no te la juegues.
"Igual el puntal lo meto en un cinco. Ya dije: hasta que me llega el tío".
No hace falta sacar un 10 en todo.
El casco vale más.
Mensaje final
La historia de Camil me emociona porque es estrategia pura.
No es una historia de "me puse a estudiar y aprobé". Es una historia de análisis, planificación, disciplina brutal y sacrificio consciente.
Camil sabía lo que hacía en cada momento.
Sabía por qué lo hacía.
Sabía qué estaba sacrificando.
Y sabía qué iba a ganar.
Ahora es bombero.
Y cuando le den el casco, cuando se ponga el uniforme, cuando entre en su primera guardia y diga "Joder, chaval, que soy bombero"...
Ahí valorará todo.
Si estás opositando y sientes que puedes apretar más, que puedes analizar mejor tu estrategia, que puedes priorizar mejor en tu vida...
Esta historia es para ti.
Gracias, Camil, por compartir tu proceso con todos nosotros.
¡Y a por esa plaza!
historia de Camil, oposiciones bombero, estrategia estudio, disciplina, mentalidad atleta






